Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Administración pública’

Más pálido que Iniesta

Viernes, 30 de marzo de 2012 3 comentarios

Como no sé muy bien de qué hablar escribir exactamente, voy a dedicar este post a divagar un poco sobre lo que pasa por mi cabecita y sobre mi día a día. Lo sé, apasionante.

Sobre mi vida poco que contar, me siento como un bicho de laboratorio, básicamente porque no veo la luz del sol. Me levanto y me paso unas 10 horas delante del ordenador, sin salir de casa para nada. Igual estoy 2 ó 3 días así hasta que salgo a la calle a hacer algún recado o tarea y me da un poco el aire (cosa que agradezco). Mi trabajo me absorve, hay veces en las que estoy tan obzecado con algo que puedo pasarme 9 horas prácticamente sin pestañear. No sé si eso es bueno o es malo, aunque me inclino más por lo primero si lo que importa es mi productividad, y por lo segundo si lo que importa es mi sociabilidad.

Respecto a eso último (mi vida social), podría decirse que es casi nula. Prácticamente solo me relaciono con mis padres y con mi novia. La verdad es que me importa una mierda, no necesito más gente a mi alrededor; con mi núcleo cercano y un par de amigos que veo de vez en cuando estoy más que servido. Lo que sí me preocupa es el hecho de no salir de casa, de no ver el sol… Necesito salir más aunque sea a pasear, a hacer la compra, o a lo que sea.

Para intentar solucionarlo he optado por el típico remedio del español que se siente solo: apuntarme a un gimnasio. Aunque no es una actividad al aire libre, al menos saldré al exterior para desplazarme (algo es algo). Lo de conocer gente allí lo descarto casi por completo, otras veces que he ido nunca he hecho amigos, como mucho he entablado un pequeño vínculo con algunas personas (por supuesto hombres, a las féminas no me atrevo ni a mirarlas) suficiente para departir chorradas entre ejercicio y ejercicio.

Hablando sobre el gimnasio: por fin ha llegado la profesionalidad total al barrio. Es un macro-gimnasio que acaba de abrir haciendo una inversión inicial bestial: máquinas nuevas, 12 cintas para correr, aparatos de todo tipo, etc. El horario es casi como el de los bazares chinos: abre 16 horas ininterrumpidas todos los días menos los domingos de tarde.

Ahora os voy a resumir cómo era el último gimnasio de mi barrio al que fui: típico gimnasio Manolo (negocio familiar), no abría ni festivos ni domingos y los sábados solo lo hacía por la tarde, abría 2 horas más tarde y cerraba 1 hora antes, cerraba al mediodía, cuando había puentes entre festivos se los pillaba todos, las máquinas eran de hace 15 años y la mayoría agonizaban.

Pues bien, el gimnasio de Manolo cuesta exactamente el doble que el macro-gimnasio. No hace falta decir que ante semejante panorama todos los gimnasios Manolos de la zona van a cerrar en los próximos meses: no pueden competir ni en calidad, ni en precio, ni en nada.

Y sobre mi amigo (en la subcontrata para la administración) sigue como siempre; es decir cobrando por su mera presencia. Ahora a lo que dedica sus horas de trabajo es… ¡a dormir!. Como lo leéis. Lógicamente no duerme directamente encima de la mesa de trabajo sino que se traslada a otro lugar dentro del edificio. ¿Qué será lo siguiente?, ¿llevar putas a la oficina?.

En fin, no me enrollo más, intentaré escribir más a menudo aunque sea para volver a contar las tonterías que se me pasan por la cabeza.

Subcontratas en la administración

Miércoles, 15 de febrero de 2012 Sin comentarios

Tengo un amigo (casi podría decirse mi único amigo) que últimamente me telefonea mucho desde el trabajo, básicamente por un motivo: se aburre.

Cada vez que hablo con él alucino más con la forma de funcionar de la administración pública. Utilizando un argot ecónomico mi nivel de alucine está en una clara espiral alcista (o sea, que flipo un huevo). Mi amigo lleva 3 meses trabajando para la administración, va todos los días a una sede oficial del estado (es decir, trabaja insitu), teniendo una “jornada” de 8 horas (40 horas semanales). Cobra bastante, sobre todo teniendo en cuenta su rendimiento; pasa de 1.300 € netos.

El flujo de contratación es muy curioso. La administración contrata a una empresa A, la cual contrata a una empresa B, la cual contrata a mi amigo. Es decir, hay una empresa por el medio que no hace nada (la empresa A) y que seguramente es la que más pasta se lleve (el que menos se lleva obviamente es mi amigo). La empresa B no ha contratado únicamente a mi amigo, tiene 20 trabajadores en total en esa sede (todos cobrando entre 1.300 y 2.000 €, o más).

Mi amigo hace casi un mes que no hace nada, y cuando digo nada es nada: se pasa las 8 horas escuchando la radio o leyendo revistas. No tiene carga de trabajo, ninguna. Podríamos pensar que es una situación temporal derivada de la crisis, pero no… Ha preguntando a los compañeros y es una situación muy habitual (vamos, tan habitual que lo raro es trabajar). Muchas veces han estado entre 4 y 5 meses sin hacer absolutamente nada, y así desde hace años. Os preguntaréis cómo es posible esto, muy sencillo…

La empresa A no factura a la administración en función de los objetivos conseguidos fijados de antemano, sino que factura en función del número de trabajadores y horas dedicadas. A más trabajadores más cobra, aunque no hagan absolutamente nada. Según mi amigo de los 20 trabajores sobran más de la mitad, normalmente el 80% de los mismos no hace nada y toda la carga de trabajo recae sobre unos pocos que son los que sacan adelante las tareas.

Imaginando semejante despropósito cabría pensar que la situación no podría ser peor, pero nos equivocamos. La mayoría de los trabajadores contratados son de baja cualificación, con poca experiencia, o ninguna. Eso sí, titulados para que a la hora de exigir a la administración se pongan sobre la mesa los papelitos diplomas. Me imagino a la empresa A negociando con con el funcionario responsable: “Pero pepe… ¿cómo va a ser mucho 1.000.000 € al año si vas a tener a 20 ingenieros trabajando en exclusiva 40 horas semanales, y encima desplazados a la sede de tu ministerio?”.

Es lamentable, menuda manera de tirar el dinero de los contribuyentes (eufemismo para no decir pagadores de impuestos obligatorios). Supongo que los puestos de los 4 ó 5 trabajadores que hacen el trabajo de sus otros 15 compañeros inútiles tendrán un alto nivel de rotación: no hay quien aguante ver como otros cobran más o menos lo mismo que tú por no hacer absolutamente nada.

Y luego ves en la televisión las protestas contra los recortes. ¿Es recortar dejar de tirar el dinero a mansalva?, ¿es recortar echar a la calle a toda esa chusma de enchufados que se lo están llevando crudo por calentar la silla?. Estamos tirando el dinero a manos llenas.

Para terminar están otros pequeños detalles, como por ejemplo el que haya un “centro de ocio” (cafetería) dentro de la sede para la cual no hace falta fichar, razón por la cual los funcionarios toman cafés de 60 minutos. Es decir, el tiempo del café + leer el periódico cuenta como tiempo efectivo trabajado.

¿Pero en qué país estamos?.